sábado, 30 de enero de 2021

Especie de oración a mi padre

 “PAPÁ”


Hola papá, no quiero llorar

Fui frío y cruel una vez más.

Viste morir a una hija sin más

Viste morir a tu vida sin más.


Y en sueños aún te veo en un oscuro hueco fatal

Solo, apartado, olvidado, triste... Lejos del hogar.


Solo una vez, sufrí tu rigor

Solo una vez, sentí tu lección

Nunca sabré, fuerte papá, 

Qué débil razón te hizo vacilar.


        Y entre el hielo del recuerdo, conservo caliente tu don 

Unas cintas de mis dioses recordaron a mi alma el perdón.


    Hasta siempre, papá... Por favor, no llores más.


viernes, 29 de enero de 2021

Tres años y medio entre nosotros

 Nuestro ya no tan nuevo miembro en la familia: YAKO.

   Yako llegó como cuando te regalan un libro sin haberlo querido recibir porque preferías seguir con tu anodina vida dominada por la "incómoda" zona de confort: para qué quieres un perro si ya tienes muchas obligaciones que afrontar a diario "encantado" y la mayoría en tu casa es asmática.

    Pero no hubo más que tomar entre tus brazos ese "libro" peludo cuya adquisición fue cuestionada por ti férreamente hasta el último minuto y oler su encuadernada animalidad y sentir cómo se convertía en tu regazo en el ser más tierno y maravilloso del mundo, desprovisto ya de las indeseadas e imaginarias páginas que quedarán para momentos más reposados en los que el intelecto de uno se sienta más predispuesto a la lectura. 

    Ya han pasado tres años y medio desde su nacimiento. Con solo cuatro meses, tuvo su primera canción, "Psicodelia acústica para Yako" y fue grabada por pistas (guitarras, bajo, teclado y voz a las que se añadió una de metrónomo-batería). Pero no fue hasta tres años más tarde cuando Jesús López Gómez montaría un documento audiovisual en condiciones con fotografías y vídeos que, en su mayor parte, recogían a Yako siendo un cachorro y, en menor número, ya más crecidito.

     Yako no es que sea uno más, sino que es el ser más mimado y admirado de la casa por tod@s. Tiene "leishmaniosis" detectada en una revisión veterinaria hace un año y medio, pero no presenta síntomas. Tal vez esa detección accidental ha permitido que siga entre nosotros gracias al tratamiento que está recibiendo desde entonces. 

    Yako siempre ha sido simpático, juguetón, travieso y muy glotón... Su alta capacidad olfativa nos tiene en vilo pues el más mínimo despiste en casa le lleva a devorar cualquier vestigio de comida que encuentra. En la calle, pese a ir atado y controlado, nos hace ir pendientes de sus acercamientos a posibles restos de comida que pueden ocasionarle daños o hacerle engordar.

    Cuando lo soltamos en un recinto para perros, su primer impulso le lleva a pedir comida a los humanos y algunos de ellos se molestan por el simple hecho de que el animal pose sus pezuñas en sus ropas no considerando aquellos el entorno en el que se encuentran y en el que debemos asumir estos "terribles riesgos" pues es precisamente ¡un parque para perros!

    Más incómodo resulta el momento en que Yako desencadena esa innata habilidad para robar la comida en forma de chuches caninas que algunos llevan ocultas en sus bolsillos o se las arrebata sin contemplaciones cuando se disponen a repartirlas entre los perros presentes.

    Ya he tenido algún incidente por este tipo de cuestiones y la más reciente no fue precisamente inocente ni agradable, pero la vida te pone a prueba ante situaciones imprevistas.



"Strange days"

Son días extraños los que estoy viviendo. Llegan como un anuncio que trato de esquivar justo cuando se inicia el período estival, cuando prolongo una minúscula agonía del ánimo hasta hacerla ensanchar en forma de angustia... Una temida pesadez y espesura se apoltrona indecentemente en los lugares más vulnerables de mi ser.

martes, 11 de julio de 2017

       Sentándome en una butaquilla a ras del césped, mientras observo cómo Javier juega con sus amigos alternando carreras por el borde de la piscina con histriónicos chapuzones, he hallado un poco de paz y de valor para identificar mis sentimientos...

       Quien los conozca por este escrito no debería alarmarse ni sumirse en un innecesario enredo buscando causas o razones. Los sentimientos son los que son. Están los que siempre han estado, aunque en ciertos tramos de mi afortunada vida han devenido ausentes o desplazados por la vivacidad de preciosas experiencias o de estados anímicos de elevada motivación.
Parado a pensar sobre este verde manto veraniego, vuelvo a reencontrarme con esos viejos sentimientos, poco amigos de la alegría, poco amantes del bienestar...
Es triste decirlo... pero es peor sentir que no tengo ganas de vivir. No quiero morir, no quiero quitarme la vida... No tengo valor para ello pero sobre todo no creo que sea aún el momento... Pero por muy lejano que quede ese instante de desaparición, mi estado mental se recrea en esa desafortunada sensación...
Ni la música me aúpa como hacía hasta hace bien poco... Ni mi trabajo, ¡bendito trabajo tras una larga sequía laboral!, me empuja hacia la animosidad y el orgullo de lo que tengo y que consideraba casi imposible de lograr... Ni mi familia ni personas especiales y buenas se convierten en el asidero necesario que me aferre a la vida o, mejor dicho, a las ganas de vivir.

   Quien me lea que no se indigne por favor. Necesitaba reflejar esto porque, en este confuso combatir con el avance diario vital, aún despierta una reacción objetiva ante tan tamaña injusticia generada por alguien que neciamente se siente desposeído del triunfo de la respiración, del pensamiento, de los indispensables y maravillosos sentidos...de la vida.

sábado, 2 de julio de 2016

Viaje a Valencia

Varias lecciones o sesiones de asesoramiento no me preparan para mejorar de forma inmediata, pero las he rememorado tras ciertas experiencias y sí que me hacen tomar conciencia con más claridad de esa necesidad de cambio o de mejora.

  Soy tendente al drama, al agobio, al miedo, al bloqueo...

  Un simple viaje a Valencia me ha vuelto a poner a prueba semanas antes de su realización. La simple idea de viajar fuera de mi ciudad y permanecer lejos incluso junto a mi familia tres escasos días me ha producido desgana, zozobra, nerviosismo, cierta ansiedad... síntomas propios de un ser enfermo tratándose de una oportunidad para hacer algo distinto y generador de ilusión y felicidad para la inmensa mayoría de los mortales, entre los cuales destacan mi mujer (auténtico motor de este evento positivo) y mis hijos (los directos receptores del mismo).

   Os preguntaréis por qué esas sensaciones mías tan negativas... A estas alturas de mi existencia, me resulta complicado responder con precisión. Cuando era un adolescente, vibraba con la simple idea de lanzarme a la aventura... Con 15 años viajé con amigos de mi edad en autobús con destino a una playa donde la acampada estaba prohibida y debíamos permanecer ocultos a la vista de quienes se asomaban a las distintas terrazas de los hoteles de la zona... Un guardia civil nos lo hizo saber así al descubrirnos pero tuvo el detalle de permitirnos disfrutar de nuestra inocente y apasionante aventura...y así unos cuantos años más hasta cumplir la veintena y algo más...

   Hoy en día, con hijos cada vez más crecidos, autónomos y ávidos de llevar a cabo actividades divertidas y que combaten el tedio o la rutina y de paso les aparta de vicios fáciles como hacer un uso excesivamente ocioso del móvil o jugar intensivamente con la vídeo-consola, me siento vacío, apático, carente de ilusiones por descubrir o conocer cosas, lugares o personas nuevas... Por eso, pese a mi negativa/pasiva actitud, no opongo una frontal resistencia sino que me dejo "arrastrar" o llevar, lánguido, casi exangüe... o asumo una casi deseada labor de burro de carga... Siento preferir esto a tener que asumir iniciativas que por difíciles que resulten, acaban desembocando en algo enriquecedor... Mi mujer acaba quemada; yo termino cansado de todo...hasta de mí mismo.

   El viaje, o más correctamente la estancia en Valencia, discurría con relativa normalidad y suave disfrute hasta que la primera señal de dificultad (para mí) apareció. Algo tan liviano como tomar un autobús que nos llevara casi al ponerse el sol a la playa de La Malvarrosa supuso un trance para mí por dos motivos: eran las 20:40 y el último autobús de vuelta era el de las 22:15...y había que cenar también (...cuándo?). La estrechez del tiempo y la errónea actitud por mi parte de no saber o no querer buscar solución empezó a hacer sus efectos sobre mi endeble espíritu ... El otro motivo fue el hecho de que mi mujer me comentara que el padre de un amiguito de Javier le acabase de plantear una visita a Isla Mágica la siguiente semana donde nuestro hijo compartiera un día inolvidable con uno de sus mejores compañeros del cole... y empezó el bloqueo, la duda, la oscuridad: qué pasa con mis planes de ensayo con mi compañera de SUNSHINE, proyecto que lleva parado varias semanas y que me preocupa un poco por no potenciar más, al menos con cierta continuidad, la preparación y el repaso del repertorio... También está SATORYS, igualmente en 'stand-by' por otras circunstancias y con un posible concierto en dos semanas y para el cual se nos puede exigir darnos de alta a los cuatro miembros, hecho que no es muy conveniente por motivos administrativos... Ese torrente de malas vibraciones se agolpaba en mi escuálida capacidad para gestionar incidencias... Decidí convertir mentalmente mi contrariedad por el compromiso de Isla Mágica en una ocasión para permitir que mi hijo pequeño sea dichoso. Pero mi humor se oscureció inevitablemente durante horas... Recorrí taciturno la totalidad del paseo junto a mi familia que disfrutaba de la visión de auténticas obras de arte construidas con las pacientes y laboriosas manos de hombres entregados a castillos y figuras de arena. Y mi familia no era indiferente a ello... Jesús, a sus 15 años, puede estar dando muestras de su inseparable espíritu de rebeldía, pero exhibe directamente su sensibilidad y preocupación al preguntarme un par de veces "¿Qué te pasa, papá?"... "Nada, hijo", respondí... Y me quedé incompleto pues habría querido decirle "que ya va siendo hora de que tu padre cambie".

   

domingo, 17 de abril de 2016

La soledad...ese gran temor (10º día)

         Me salto la sesión 9... No la recuerdo, no retuve nada.

     El miedo a la decepción está asociado al miedo a la soledad, de ahí que anide en mí ese pensamiento de que "cuanto más agrade, mejor me sentiré conmigo mismo".

     Las cosas aprendidas de chico constituyen creencias importantes (infantiles)... Un niño de 8 años ya tiene construido su mundo por los adultos que le rodean. La paradoja es que a los 8 años no está formada la inteligencia, la cual se sigue desarrollando al igual que lo hace el físico. De 8 a 30 años se pueden ver muchos cambios.

     No confundir miedo a la decepción (miedo a la soledad) con empatía (positiva) la cual se identifica con el pensamiento "lo que quiero para mí".

     Nos fijamos en lo que hemos aprendido: "el gazpacho de mi madre", "los catalanes son agarrados", "los andaluces son flojos".....

     Mi creencia es "agradar a la gente" y lo suyo sería "ser uno mismo" y, si siendo uno mismo, agradamos a la gente, pues estupendo... Y si no, hay que aceptarlo. Hubo un presidente de EE.UU. que comprobó que hiciera lo que hiciera, el 50% de la gente estaría contenta y el otro 50% no. Lo mejor es ser uno mismo.

     Lo bueno sería agradar a los demás sin desagradarme a mí mismo.

     

     

sábado, 12 de marzo de 2016

Pequeñas reflexiones de los días 7 y 8

Hace años que dejé de tener una relación amable y entusiasta con mi hijo mayor.

Lejos quedan aquellos momentos en que era un tesoro insustituible para mí...

Pero sigue siendo mi hijo... Es grande, es responsable, es temperamental...pero es sensible.

Es el que menos atención recibe por mi parte...

Sin embargo, el más pequeño se lleva el premio por ser el príncipe de la casa. Parezco una lapa para él pero, desde luego, a quien adora es a su madre... ¿Debo extrañarme por ello? En absoluto.

Por otro lado, el mediano acapara una gran parte de la atención precisamente por ese carácter de rebeldía natural que enarbola desde que nació.

Por lo tanto, el mayor presenta un déficit de dedicación algo sonado...Se le cree más autónomo, menos necesitado, más libre...pero él de algún modo percibe que quienes son objeto de atención son sus hermanos... Por un motivo positivo o negativo, pero al fin y al cabo puede comprobar que los momentos de conexión con él son muy escasos.

¿Sigue siendo un niño en el fondo? Bueno, está en edad especial...rozando los 18 años.

No debo perder de vista a mi hijo... No debo perderme de vista a mí mismo.

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  Unas cuantas prácticas y útiles ideas:

     - No pensar por los demás. Nadie sabe lo que piensa alguien hasta que no lo comunica.
 
     - No anticipar acontecimientos negativos, ya que producen sufrimientos innecesarios.
 
     - Cuando descubramos algo negativo, lo bueno es pensar que "menos mal que sé eso que antes no        sabía"

Sí, ese "Menos mal" puede hacerme mucho bien.