miércoles, 7 de enero de 2026

El Gordo

 Ayer llegué a casa más temprano de lo habitual  pese a que salí un pelín tarde...

Almorcé y me dieron mis regalos de RRMM...

Impresionantes...

Casi me emociono...

Mejor dicho: me emocioné...

...Pero no lloré...

Siento no merecer esto...

...No creo en los RRMM...

...No creo en los merecimientos...

Creo en la obligación de que todo el mundo debe tener sus necesidades cubiertas y no sólo la de alimentarse.

Pero yo recibo mucho más de lo que merezco.

... Y, además de todo lo recibido por parte de mi familia en forma de regalos materiales, obtengo su compañía, su presencia, su insustituible existencia pues son lo mejor que me ha pasado: mi mujer y mis hijos.

Y aquí no termina mi suerte pues me ha caído el gordo en forma de trabajo...

Y sí: es una gran fortuna el hecho de que alguien como yo, cercano a cumplir 59 años, haya conseguido trabajo con un contrato de un mes y cinco días recogiendo colillas, limpiando aseos, haciendo camas o sirviendo comidas en una residencia de personas mayores y vulnerables.

Rutina y mal humor

     Terco por cansancio o confusión...o subestimación

   (Texto que quedó pendiente de completar y confirmar el 4 de julio de 2025)

     Resulta sencillo apostar por el desenfado y la aceptación de cualquier circunstancia poco gravosa por mucho que tenga de rutinaria y cargante... Poner una lavadora, preparar los ingredientes necesarios para cocinar la comida del día con todo el proceso que ello conlleva (programar el menú, ir a comprar lo necesario, llevarlo a casa y terminar elaborando los platos pensados sin olvidar el consabido deber de recoger los restos sobrantes con el fin de dejar despejada la cocina), planchar, barrer, ordenar, sacar a Yako, etc....

    Pero añadamos a toda esta sucesión de actos domésticos en pro del orden y bienestar del hogar que el calor arrima un efecto tan plomizo y agobiante que nos hace percibir cualquier paso a acometer con una indeseable sensación de pereza que empobrece tontamente nuestro ánimo...