Ayer llegué a casa más temprano de lo habitual pese a que salí un pelín tarde...
Almorcé y me dieron mis regalos de RRMM...
Impresionantes...
Casi me emociono...
Mejor dicho: me emocioné...
...Pero no lloré...
Siento no merecer esto...
...No creo en los RRMM...
...No creo en los merecimientos...
Creo en la obligación de que todo el mundo debe tener sus necesidades cubiertas y no sólo la de alimentarse.
Pero yo recibo mucho más de lo que merezco.
... Y, además de todo lo recibido por parte de mi familia en forma de regalos materiales, obtengo su compañía, su presencia, su insustituible existencia pues son lo mejor que me ha pasado: mi mujer y mis hijos.
Y aquí no termina mi suerte pues me ha caído el gordo en forma de trabajo...
Y sí: es una gran fortuna el hecho de que alguien como yo, cercano a cumplir 59 años, haya conseguido trabajo con un contrato de un mes y cinco días recogiendo colillas, limpiando aseos, haciendo camas o sirviendo comidas en una residencia de personas mayores y vulnerables.
No hay comentarios:
Publicar un comentario